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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

La Expresión Poética del Sentido Manifiesto

[contrastando con la narrativa ensimismada, dispersa en su rodear la causa, hecha muro enfrentado]




Hablar de sentido en literatura, es una generalidad que carece de contenido salvo la intención de señalar una manera especial de decir, que es manifiesta, elocuente y ojalá evidente.
Cuando hablamos de sentido, necesariamente hablamos de vocación poética de los textos, en cuanto la principal potencia que la poesía establece es la de desvelar un sentido original.
Suele desdeñarse la poesía de un texto, en la medida en que se desea establecer un nexo trivial y algo somero con las cosas, de manera tal que es un trayecto “divertido” el que se sigue, más que la suerte de descarnada materia elocuente, que se abre hacia su propia esencia.

Se suele buscar un camino largo y disperso en los textos, ojalá que sean narrativos de historias y acontecimientos propios de vidas parecidas o radicalmente distintas a las de cada uno; nos sumergimos en las tramas para abandonarnos en lo otro distinto y entretenido, para no acercarnos de frente a las revelaciones potenciales que pudieran surgir; es como cuando debemos escribir un texto en el cual estamos enfrentados a una verdad que no queremos poner en las narices del destinatario por ser radicalmente elocuente y estremecedora.
Los textos largos y estirados en sus propias aventuras serán los preferidos porque burocratizan el encuentro con las realidades, al punto en que no sabemos, casi, de que hablaba quien los creara, “y así está mejor”.
Es como lo que pasa con la conquista erótica, que rodea el hecho que es realmente claro y evidente (“intercambio de fluidos” como diría en su Película el protagonista de “A Brilliant Mind”), para vestir de gala a una somera forma de tornar elegante y solapada la meta del hombre, que es el apareamiento y la meta de la mujer, que es la de concretar un nido duradero, seguro y confortable donde constituirse como el centro o al menos en el punto de un giro excéntrico, compartido como las elipses comparten sus puntos de generación.

¿Es cínico lo anterior?; pues por definición lo es, y aunque duela es cierto; el sueño del hombre lucha por obnubilar el fin. Pero el fin persiste.

En todo texto persistirá la vocación de sentido, por muy estirado y atenuado que esté el asunto, y dirá más de alguien que “no me importa nada sino contar una historia”, cosa que asumo para asimilar, como se asimila el cortejo, que se suele presentar como fin, cuando no es más que el medio. Volaremos por aires diáfanos, pero el vuelo es tal en la medida en que se tiene a la tierra como el referente superado.

Sentido, diré, como una vacua y rechazable meta, no obstante subyace.

Abstracto e inmaterial, pero presente, el sentido se expresa como aquello que sustenta, e inmaterial e inimaginable, no será materia ni sentimiento, ni pensamiento ni sensación pura; ni salado ni dulce, ni feliz ni acongojado, el sentido es inmaterial de inmaterialidad pura, así como se corresponde un conjunto de diez elementos, con los diez números iniciales de los números naturales excluyendo al polémico “cero”.

Es tan simple y elemental que casi me avergüenza, pero innombrable en suma, como innombrable es la torsión del camino por la causa de una cierta decisión correspondiente, qué se yo, “voy hacia la dicha, pero en pos de una suerte de deber ineludible, escojo el dolor para corresponder con la misión que se presenta”, o algo así, pero la opción no es el dolor en sí; pero si lo será la pasión que en aquello manifiesto, pero tampoco será la pasión sino el abrupto paso. Entonces no es causa evidente, pero si irregularidad del pensamiento que se acciona en el mundo o por lo menos así se termina por imaginar.
Descubro entonces aquel inmutable despertar de la irregular vía desde la pausa a la arremetida, para descontinuar y reparar en aquello otro que no es número pero si transformación leve y elocuente. No hablamos, como bien dije, de enumeraciones; hablamos de maneras de enumerar, o maneras de descontinuar, en un cierto puente de evidencias que se tornan figuras, destinadas a la apariencia. Nada digo, en suma, salvo el entorno somero de un quiebre sutil del decir que más que decir es formular; si; eso es FORMULAR la dicha del discurso establecido, como campo afín del ser entrampado en su rumbo parecido.

Rumbo parecido pero del origen despegado, eso será el sentido del discurso, cuando texto se establece desde el ámbar gris de una causa ensombrecida.

Seremos pasto de estrellas descubiertas en su camino aminorado; todo en salobre marea de tiernas resacas, ante la mirada que se hace fanal del abismo, cuando se potencia la manera sutil de ser en el ser (redundante) que se desea, estando merecido en su propia inmaterial presencia.

Solo así vamos hacia la fortuna del arrobar la sombra de aquello que se estanca en su ley, que se hace leyenda de estancia lóbrega y sutil, diré. Pero no diré lo indecible, que es numeralmente impotente e inmanentemente trascendente.

Fin del lenguaje, o al menos, fin del intento de “lenguar” la paz del silencio del número y su esencia desplegada en acción sobre su propia espiral convergente.


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