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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

El Desconcierto

Con el torrente de la cascada milenaria, voy hacia el cuarto interior de un camino diverso y constante. Todo así, vamos, entre la montaña acantilada, y la explanada desierta.
Pero en suma la planicie es mi suerte y el precipicio mi anhelo, y desde ellos me voy hacia lo que llaman porvenir, para hacerme establemente disperso y solitariamente adverso.
La dicha se aviene al alma, entonces, como cae la gota de agua en la sequía.
Soy ni más que alguno ni menos que todos, pero labriego del verbo, acaparo cierto brillo que se ha posado en mi mano, y desde ella viaja hacia los ojos estables y quietos de aquella que supo verse como me viera en el árbol que contemplo.
Ella será ladera agreste, sobre la cual brotan manantiales de ineludible plenitud. Así será, y así seguirá siendo.
Tuve mi alborada (¡qué Palabra más redundante!) como subí al monte, desde el cual veía al sol ponerse en la soledad más vasta y voluntaria; bajé al campo para sembrar la vida; coseché la paz y dormí en la abundancia; mis bodegas rebosan el grano de la alegría, sin perjuicio de uno que otro exabrupto repentino, fruto de alguna imperfección latente; pues como era estuve, y desde ahí erigí mis edificios y amurallamientos, dispersos y distintos, para cubrir mi faz imperfecta, con el rasgo perfectible del orden y la coherencia. Más ella, redunda cual cometa fugaz y congelado en un cielo oscuro y constelado; su velo se proyecta y baña las estrellas, sin tener más que su aliento fugaz, hecho sortilegios de rocío y aurora, en audaz y permanente aproximación migratoria.
Mezcla de anhelos y certezas, avanzo por un bosque espeso cuya luz no vislumbro, salvo como el reencuentro del sosiego y la impaciencia simultáneas.
Por momentos miro las estrellas y me digo que en su espejo tardío encontraré, la simple y comedida paz que perdiera hace algún un tiempo, cuando el temblor de un ala trémula y pequeña, viniera a rozar el vidrio de mi estudio, para quedarse como el destello sutil y profundo de una verdad ineludible.
¡Ah, cuantas palabras empleo!, para hacerme a la incontenible marea que deshace los roqueríos de un presente fundado, sobre la impenetrable materia del desconcierto.
Todo así, en el silencio prometido, duermo una siesta impaciente, pues volará hacia mis dominios el ave peregrina que circunda mi alma y desvanece el horizonte.
Pueda el destino hacerse cargo, diré.


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