A Veces Me Ocurre
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 18-01-2007 18:13:14 | Categoria: Poesía
[El arribo pleno es una suerte de avance al aire diáfano del alma, por entre el tiempo “intranscurrido”, diré, con la plena suerte del ser que se mira en el espejo del acierto y la templanza].
Así estoy, a la mitad de un camino incierto sin Dudas, con la seguridad del presente añorado y el futuro soñado.Soy la vana espera de la nada en mi conspicua identidad, erecto y diáfano como el fusil acallado por la Palabra postrera (acaso).
Pero mi justicia es leve y humana; suelo irme de anhelos y costumbres; me emociono por momentos, cuando el calor detona cual cabo de vela, el recuerdo unitario del amor y la ternura, pues de caricias y besos fui adiestrado en el amor, desde la tierna edad cuando disperso estaba por mi cuerpo, y caminaba como el flamenco joven, que se avenía al lago blanco y salado, del mar, aprisionado.
Entonces cabalgué por el monte acorralado, y supe de la mirada plena que traspasaba las estrellas y el fondo del tiempo, hacia la eterna consigna del camino recogido, como si el polvo estelar hiciera de mi mano el rasgo imperecedero de la confianza y el retorno.
Solo así me miro, como si no fuera quien soy, salvo el éxtasis de la letra encadenada por la suerte, en una berma literaria distraída y simuladamente acongojada por los míos, con el vuelo aletargado de los hijos, que supieron hacer de su vida una consigna memorable y consecuente.
Mi mujer, mi bienamada mujer; mi esposa, mi hembra poderosa; conciente, briosa y madura como un roble de la Avenida Bisquertt, conoció la sabia ardiente de mi pausada y aturdida acometida, desde la que me estuve terso y fragante como el viril acecho del león, al morder tiernamente la nuca de su hembra, a la salud del tiempo y la prolongada existencia tras el puente conservado de la piel y las entrañas. Él si que sabe de penetrar la esencia del rol y el rango del macho, que sube y escala por la puerta dorada de la aceptación libre y sosegada. Trepamos hacia ellas como quien asciende la ladera prístina y cubierta de rosas, al paso de la suerte y el esmero, pero sin torcer la mano del propio latido inclemente y pertinaz; capitanes de un navío extenso y cimbreante, a la mar del fuego hecho marea, sobre la cual se mece el vértigo de éxtasis y abandono animal.
Entonces estoy así, con la quieta y turbada fantasía que se eleva como el recuerdo simbólico del signo inteligible.
¡Cómo me estoy, así, relevado hacia el presente!, que se acerca como una cinta de tul, curvando el espacio para darle cabida a mi sentido de rasgo torpe y humano.
Camino así, y duermo a tramos pausados, para dejarme llevar por el tiempo, que todo lo perdona y todo lo esculpe, para deshacerme en la tierra, como la muralla de adobe olvidada entre lluvias y terremotos; desmoronado hasta que solo sea un grano mísero y un universo sean mis retoños, y hasta la verdadera llegada del retorno inmune y eterno del amor y la proeza.
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