“Sacrosanta Pulcritud”
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 04-12-2006 09:59:54 | Categoria: Experimentos Sintácticos
Iba distante en una suerte de tobogán demarcado, caía como lo hacen los volantines cortados por el viento de primavera, así como sintiendo que soy la cadenciosa alcurnia de quien vuela según su albedrío, pero tenía que entrometerse una fugaz manera reglada de componer la suerte y el despojo. Y entonces retrocedí en mis apuestas para darme la distancia de quien nunca se mancha con el barro del camino; cuidadosamente cosí las bastillas de mis ropas, para que la imagen pareciera ser un reflejo del fondo elocuente, y qué diablos me dije, con tal de estarme transparente y delineado, con la osadía muerta y el dedo estirado. Entonces sufrí la muerte prematura del alma, que acontece cuando quedo entrampado en la celada de la patética virtud. Y así nada tuve que hacer, y me estuve retraído y atento al error ajeno, pues como leí por ahí, que se puede ser santo sin más que el aplomo del cristal de roca, entonces me entregué a la imagen que detonaba en los que, entristecidos, hacían el mundo entre los sargazos de derrotas y victorias enredadas. Mal que mal era perfecta, o así lo parecía, la suerte de destino que mi actitud labró en la madera pulimentada, del ademán soberbio y poderoso.Busqué mi refugio y busqué mi alimento, y entre trincheras institucionales armé mi arrojadero de bombardas sacrosantas. Asustado en el fondo invisible fui a por los que daban la lucha todavía, perdidos en su falta de pericia. Yo soy Satán encarnado; me infiltro en el hueso y en el alma; no soy más que Satán; ese que corroe lo bueno, pues de lo bueno sale el perfume agridulce del arma letal del orgullo malentendido. Y así estuve por los años de mi vida amortajada; en una suerte de éxtasis añejo y putrefacto; miren mis pies encallecidos dentro de mis suaves coturnos renegridos, mis brazos tienen incipientes colgajos de tristes pellejos de vejez prematura; mis ojos entierran la condena en tus pupilas, y en cuanto me arrimo a los míos, ellos sienten mi dulce escalofrío.
Hablo con la elocuencia del tinterillo, y me importa un bledo ser no más que una sombra de carne y hueso, calentando la butaca que mi fuero me confiere.
Por ahí ando a la deriva, con la prestancia de la Victoria de Samotracia, que cual arruinada virtud, supo perder la cabeza para no enseñar el propio vacío ineludible.
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muy cinematográfica la narración, me gusta
un saludo desde perúComentario de Albert Estrella hace 3 años y 36 meses