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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

La Migración del Chorlito Dorado Americano

[Chorlito dorado chico: También llamado Chorlito dorado americano, es una especie migratoria que vive en todo el hemisferio norte y vuela desde su área de anidamiento estival ártica, en Norteamérica y Europa, hasta las áreas donde inverna, en las regiones meridionales del hemisferio sur]

De una vez por todas zarpo hacia el instinto aéreo que me conduce. Mi ser estival anida allende las montañas indivisas, y hacia allá vuelo con un convencimiento extraño para mí, que solo se de andanzas breves al abrigo de mi madre. Soy lo que la bandada establece, pero soy en ella porque ella yace en mis entrañas. De un modo afortunado mis caminos atienden la deriva exacta que hace del mundo un trazo andado previamente; todo se desgrana en tubos imaginarios de recorridos preconcebidos, pero a la manera como respiro, o sea, con el conocimiento intrínseco del ser que padezco.
El territorio que me abraza, ha forjado a punta de enclaves y lagunas cada matiz de mi plumaje; entonces cuando soy, es la infinita cuerda tendida de horizonte a horizonte la que gira y abraza al trozo de mundo que comparto. Yo estoy en aquello que me contempla. Incluso estaré en aquel que me dispara (y esto es esencial para mi fugaz relato).
Navego con ligereza a través del océano, para llegar adonde mis hermanos. Pero dejo de conmoverme con el motor de automática fortuna con la que doy cuenta de las comarcas; el descanso es efímero, y así ha sido desde hace siglos, para que la suerte de existencia de la contemplación inmersa sea la dicha plena de quien solo siente la aflicción de la muerte cuando ella es inminente. Antes todo era el rodeo terrestre de giros extensos y casi rectilíneos, con los que avanzo en el ritmo interno de la cadencia del vuelo y el arribo, pues nada es sosiego en mi esencia; solo escarbo en el rumbo potencial, y camino hacia el tiempo venidero, teniendo la pausa extraña del único empeño, como detonante de mi especie.
Se del hombre que se detiene y se distrae, para multiplicar al infinito su sumatoria de momentos vacuos y pertinaces; en ellos busca la plenitud abandonada, cuando otrora retrajo la conciencia única en la múltiple andanada de patrones aplicables; entonces él se hizo a la mar del espacio y del tiempo, para sentir que no recorre sino la minúscula fracción de la infinita eternidad de la que es ajeno y apartado. Él se muere por la vida que no tiene, y para la que se hace paradoja viviente, en este vagar por la sombra de su divinidad inalcanzada; nombra y señala; atisba y rebana, más nunca alcanza su plenitud, ya que de ella fue expulsado hace milenios, cuando supo de la engañosa esclavitud del ser en la voluntad sin destino preconcebido.
Decidir y decidir; decir y hablar; mostrar y vestir, vestir y huir a las estrellas; mientras nosotros vamos y volvemos a nuestra condición indispensable y eterna hasta que otras eternidades concluyan. Nada comprendemos y nada comprenden. La brecha fue abierta y nadie la cerrará, pues quien dejó de ser niño no vuelve a su niñez, y quien pace en las llanuras de la vasta planicie impertérrita de la confianza, no mira hacia la cerca imaginaria que es frontera y abismo de iluminación y videncia; así mis días transcurren, pero no en el pulso de este instante narrativo, dejado en la memoria milagrosa, cuando la milésima chispa de entendimiento quiso abordarme para fragmentar mis alas y hacerlas rastrera mutación y soledad. Nada se de estepas ni de desiertos, solo se del mar y del gobierno de la rosa de los vientos cuando me arrojo hacia el heroico salto de ave que yace en el envío sin retorno hacia las aguas. Así todo diré y dejaré este relato, como el roce de mi buche deja conmovido al brote terminal de la secuoya, que abraza al cielo, para sentir en un instante fugaz, que el paso de la materia no solo es intrínseca a su ser solitario ante la luz, y comprender el surgimiento de la presencia de “lo otro” en el vacío del aire celeste que lo baña y que lo abraza. Extraordinaria sensación aquella, capaz de forjar la transformación del sueño a la conciencia; pero no, yo planeo la oquedad del mundo en mi viaje eterno y sin sentido, pues soy el rumbo, si es que acaso soy algo distinto a mis paisajes y bandadas. Algo discreto fui alguna vez (y el olvido ya me taladra) cuando sentí, como ese brote sorprendido del árbol más alto, el paso de una lluvia de “otros” perdigones cargados, que también, como mi buche al brote, rozaron mi cuerpo en vuelo silente…

…Entonces comprendí este intenso y sutil pensamiento que revisan y comprenden, ya que el cazador todo fue en su descarga, que es lenguaje pleno y evidente, para los seres puros y confiados como yo.

Adiós, o hasta la vista...

(…Se aleja en su camino;
se nubla el punto de contacto,
se desgrana la conciencia
como las chispas moribundas de un fuego de artificio cayendo a la tierra
después de iluminar con la explosión.

Surge el vacío del aire solitario).


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