Correspondencia 1
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 30-08-2006 19:02:31 | Categoria: Correspondencia
[con un amigo reciente que vive en China, estamos llevando una correspondencia que, con su venia previa, me permito publicarla, algo editada]
(...)[le dije]
La poesía es lo mío, no obstante tener un canal de alimentación basado en las ideas o conceptos relativamente abstractos desde la filosofía y las ciencias. En mi Universidad tuve un ramo que se llamaba "Música de las Matemáticas", desde esta música aprendí a retro-alimentarme sin vergüenzas de las más diversas fuentes atípicas. Aprendí en mi escuela de arquitectura el alcance de la Palabra poética, que como todas las cosas suelen alcanzar su clímax en una suerte de inversión de roles. Me explico con el post de Frida Kahlo que subí ayer. Ella en sus cuadros establece la realidad más severa desde su imaginería libre y desatada. Ergo, su surrealismo alcanza su clímax en el logro inverso, la realidad nada de surreal, por decirlo de algún modo.
Del mismo modo la poesía es una suerte de inmaterial logro que se fragua no necesariamente en la búsqueda de la Belleza de las Sintaxis o de la Belleza de las frases. Es algo así como lo que dije en un post relacionado con la Abstracción; Poetizar o Crear es establecer campos de potencias afines. Potencias en el sentido de que cuando se logra establecer tal tensión de las palabras de manera tal de abrir revelaciones intrínsecas, se dan posibilidades que surgen de la interpretación, comprensión o contemplación de la Palabra poética.
Aciertos absolutos al sentido de lo que se quiere decir: se logra pocas veces; se logra a veces; muy a veces.
Palabras que son un manantial de interpretaciones atingentes podríamos decir; pero desde una infinitud que se puede sentir. Ejemplo; "Ama a tu prójimo como a tí mismo", "El adjetivo cuando no da vida mata", etc.
Estoy lejano de la manera de ver el mundo de las filosofías orientales. Me siento distante de ese mundo que no logro abrazar. Puede ser porque aquello que se dice desde un idioma que no conozco, llega disminuído; imagínate; el tema del Haiku; deben haber maneras de decir las cosas en japonés que no se traspasan al castellano; deben haber sutilezas en el decir y en el significar que simplemente se extravían, como en el Antiguo Testamento, que al no estar en Hebreo simplemente se desmorona todo su mundo Kabalístico y numérico.
En fin, estimado J.; algo desperdigado este escrito, pero siento que avanzo en expresarte mi severo modo de ver el mundo; frío y reducidamente subordinado a la Palabra tensada al borde del máximo infinito posible, en contradicción con la Unidad más indisoluble.
De paradojas me alimento. De Duda en Duda voy; me siento una suerte de niño caminando sobre precarias piedras llamadas Dudas consistentes. Nada tengo claro salvo la capacidad de lenguaje, que podría ser una suerte de construcción sobre un mundo caótico.
He llegado a pensar que todo es un fárrago de desorden donde la conciencia de quien mira establece el sentido de lectura subjetivo, pero esto sería un colmo algo extraño que la ciencia podría refutar.
Seguiré por estos lados ávido de intercambio constructivo.
Debo ser franco al expresarte que me siento muy distante en mi conversación; mis temas no son sentimentales; son calculadoramente requirentes de substrato poético; sin emoción acaso; la emoción es un asunto más dentro del lenguaje que se colma de sentido.
Locura-cordura atadas por una suerte de revelación grupal. Ya no sé qué digo.
Cuando me nublo en el lenguaje, en algún momento debo detenerme.
Si es que has leído el Barco Hebrio de Rimbaud podrás acaso sentir mi búsqueda; una manera de hablar que diga lo que no diga, de manera tal que se flote por sobre el significado como se surfean las olas más rebeldes. Rimbaud habla de un barco, pero no habla de un barco, ni siquiera habla, digo yo, de algo en específico. Es la Palabra campeando en su más amplio escenario; en la multiplicidad de sentidos a la vez, pero en un solo barco hebrio. La hebriedad no estal, es todo menos la hebriedad. Pero de una manera casi mágica.
Seré franco; a veces escribo y siento que ya el convoy de frases se ordenan solas y yo solo aplico el espíritu conveniente.
En "El Derrumbe" no recuerdo cómo llegué a las palabras que utilicé; solo sentía ese alejamiento del ser para caer en una suerte de metáfora del abandono de la vida hacia estados más inmateriales; sentía y las palabras llegaban así como cuando un músico lée partituras y solo escucha música.
Un gran abrazo, y gracias por tomar en cuenta mi trabajo, ...
(...)
SmcArq
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