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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

La Explanada del Reich

[Un soldado nazi promedio, en un arranque de cinismo introspectivo]



Así, dispuesto como la parte de la Babel del futuro exterminio, parezco una sombra cubierta de quieta marcialidad. Me lo insinúa aquel que escucho por los lejanos parlantes, mientras sus ademanes abrazan al cuerpo de las decenas de miles de soldados dispuestos por la neurótica línea de la perfección y la solemnidad.
“Banal elegancia” son las palabras que brotan de mis labios, a la vez que cargo mis atuendos y mis temores. La bravata de las hectáreas de legiones obedientes, amedrenta al grueso de la tropa, pues nada sino la matanza se avecina tras semejante despliegue.
La estratagema detrás de la Liga de las Naciones nos recortó el orgullo e iremos a por ellos, a recobrar con creces las tierras que nos fueron arrebatadas, a costa de multas indolentes y humillaciones sucesivas. Estúpidos vencedores, incapaces de hacer surgir la paz de la victoria; solo cargaron el arma del odio y la venganza hacia una nación gallarda y sometida a la disciplina, tanto para las fugas y las sinfonías, como para las guerras relámpago y los bombardeos implacables. Tomaremos nación tras nación en días intensos, breves y victoriosos, y nada detendrá el avance del talento de nuestra mirada serena y estructurante.
Ordenaremos el mundo me digo altanero y el Führer, mientras tanto, señala los destinos donde mataremos y reivindicaremos el orgullo de nuestros antepasados. Me digo que acaso llegaremos a puerto y, mal que mal dejaré hacer a la corriente de ataque y apoderamiento que obtendrá los frutos, sin que me vea atrapado en las redes de la culpa. Otros serán, me digo, los que ensuciarán su Palabra y su honor al vengar, con aquellas temibles decisiones, nuestras propias vergüenzas pasadas. Y así como yo dejo pasar en mis ademanes, culpo a los otros de mi condescendencia, ante quienes auguran el logro y la riqueza.
Victoria y apoderamiento al largo y al ancho; traspasaremos sobre las fronteras anteriores, para fundar las ciudades del hombre blanco y germano, sobre el cual descansarán los destinos acallados de los que sean dignos de sobrevivir.
Los hijos de Israel, los nómades de Hungría, los negros y los demás discriminados, serán la materia prima del encarnizado desquite , y sus cenizas viajarán diseminadas por los campos de Polonia y otras naciones, para desencadenar la falaz venganza de mis compatriotas (que no la mía me diré), sometidos a la derrota reivindicada en el genio doblegado, pues así como no hay enemigo sin riesgo, tampoco hay vencido sin venganza, desde el hijo o desde la cuna adversa, avenida tras los partos azarosos sobre los obuses reventando y las balas demoledoras.
Tras una mística de una profundidad directamente proporcional a la ceguera espiritual que sustenta, iremos tras nuestros enemigos, imaginarios o evidentes, y a todos los mataremos, como mataron nuestras alegrías y esperanzas cuando las trincheras y los biplanos se hacían carne de agresión y desconsuelo.
En fin. Alemania no es sino un reflejo soñado de esta explanada que poblamos con los grises uniformes de la destreza latente. Escucharé por momentos el extraño discurso de amenaza, de campiña reverdecida y de una floreciente Germania, de cúpulas doradas y palacios grandilocuentes, ante la cual la poética del solapamiento se germina como un capullo de polilla, dentro del tronco almacenado, en un rincón de los zócalos gigantescos, adonde una casa se pierde y el hombre desaparece. Para todo habrá tiempo; para la derrota y la victoria, para los muros y sus derrumbes, total, a estas alturas, todo es latencia y todo es potencia, la que presagia más rédito que nostalgia, digo. Me entrego al azar y al dejar hacer, cargo mi fusil y miro hacia delante, ya que de alguna manera se dirá que todos fuimos y por lo mismo nadie fue, cuando el furor se acalle, las bombas decaigan, y la bencina sobrante detone las hogueras de los directos responsables.


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