Los Comparendos
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 14-08-2006 08:53:53 | Categoria: Experimentos Sintácticos
Como el día que pasaAsí es la pasión que nos aqueja, cuando se retira tras el cansancio del alma, que no tiene sino una cierta capacidad de henchirse como las velas que trasuntan el sentido del viento. Como los frágiles esquifes somos, pero con el velamen dispuesto. Y la calma nos toma cuando no da más la historia que nos baña, y somos la siguiente consecuencia de los hechos, y hechos y hombre son lo uno y lo otro establecidos, como la cópula entregada a la plenitud de la consecuencia y su detonante conciente.
Como el perro vagabundo seremos
Si es que no tenemos la calma para ver entre la andanada de sentidos que nos atraviesan. Y decidir será la clave, no siempre, pero en contadas ocasiones, para detener el pulso del vector esencial; ese que marca nuestro destino, como cuando niños, en un momento de lucidez dijimos “yo no seré así; seré de otra manera pues daré la lucha como las gaviotas, que toman el molusco para llevarlo a las rocas de la iluminación”. Dejar caer y romper la concha de la Duda, para recibir la carne salada y húmeda del conocimiento pertinente.
Como el cascarón de un huevo estaremos sometidos
Al gobierno del alma, ya que ella es como el polluelo, que rompe la carcasa para aflorar, lleno de instinto vital. Reventados y hechos trizas por nuestra esencia, caeremos al suelo, y ella cogerá nuestro cuerpo, pues cáscara fuimos, y potencia seremos, para dejar en el mundo la impronta del vencedor, que siempre se vence y nunca se derrota, ya que uno fuimos y uno seremos, aunque afloremos con el manantial del reflejo infinito.
Como el desdén parecemos
Pero somos a la sazón, como el ademán tácito que establece la línea franca de la veneración y del respeto
Ya que nada se pasa sin distingo
Tomaremos la vida como se toma al hijo que nace, y que, depositado en nuestras manos se yergue, como la continuidad del propio ademán hacia el destino.
Con la fuerza de una Batalla
Daremos paso al sutil fluir de los detalles, que hacen el palacio plagado de molduras y frisos, para que el total sea la suma de los momentos, y no la resta de lo superfluo, y para que nada sobre y todo se haga materia en la obra de la vida.
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