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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

El Patético Festín de la Desolación

Soy Daniela, me dijo, aparto lo mejor de mí para quienes se avienen a la vitrina de mi corazón, a revisar mi triste oferta de amor tardío. Soy la soledad encarnada en el cuerpo cuidado y levemente marchito, donde la gregaria mirada apunta con el encono y crueldad del afortunado.
A veces los días se tardan una vida en pasar cuando, lo reconozco, cavilo y dudo en mi empresa de permanente arrimo ineficaz. Llévame a tu anhelo, que sabré (por Dios que sabré y como que las estrellas se consumen que podré) hacer de tu vida la esperanza de una familia fiel a nuestros más queridos estereotipos, que solo sé dar vuelta el carrusel de las costumbres. Nada invento y nada doy a luz; solo recojo la señal dispersa del ademán aceptado; esclava de las mareas soy, y así parapeto mi desazón. Traslúcida intensión banal establezco, a contramano de las señales verdaderas. No rindo mi espíritu valiente a destiempo; duermo como una agonía y mi despertar es un parto doloroso. El espejo es la infranqueable realidad que se desdice, pues mi Belleza es cierta, pero subjetivamente se oculta por mi pánico. Cual despreciado ser de entreguerras camino con cartel de virtual refugiada, al que siento con el fervor de una acometida desmedida.
Vaya. Al parecer desdoblo mi velada cacería y la hago lamento de fragor vencido. Mi guerra no tiene trinchera ni cuartel y cual melancólica mujerzuela disperso mi desazón hecha caderas sensuales y reveladores escotes. No me dejes. Espera; seré lo que tu digas, hasta el punto en que el amor se apodere de ti y sacaré la viperina venganza que cultivo bajo mis axilas suavemente depiladas. Vengaré todo desprecio del que fui objeto sobre ti, pobre, triste y enamoradizo pelmazo. Tu dueña seré pues la conmiseración que inspiro, cultiva el veneno del tsunami que retrocede para inundarte. En qué hora escuché a esta suerte de triste bocanada de putrefacto veneno de caricias y orgasmos experimentados, diré. Pero ya será tarde. Ella apoderada de mi hogar sabrá administrar sus bienes, para volver al triste Pub, donde años después, ya adueñada de mi casa y de mis cosas, querrá desplegar su trampa de pena y sexo fugaz con el primer vago que encuentre. Fétida flor, arriostrada en arbotantes enlucidos con el más blanco y virginal yeso de barata factura y solemne fraguado; esperpento de clase media arribando al puerto imaginario de la estirpe y el abolengo contumaz. Ella, la mísera fémina del rincón lúgubre del lugar de encuentro de las naves al garete y la deriva. Mas fui un imbécil en hacer de la pena un caldo de cultivo, para edificar el palacio precario del amor correspondido. Miserable saco de huevas tibias. Estúpido tontoncito imberbe atrapado por la más despreciable y acongojada sanguijuela de la laguna. De nada me quejo y a nadie acudo. Ella ahora se depila en el baño de la suite del dormitorio adonde hizo su nido de serpiente ponzoñosa. Yo leo La Crítica de la Razón Pura de Inmanuel Kant en el living, con el Arte de la Fuga de música de fondo, como convenciéndome que mi acervo cultural y mi grandilocuente sensibilidad harán de mi un virtual vencedor, mientras ella se arroja ventosidades y a la vez se ríe, viendo la repetición de la telenovela venezolana más ordinaria que ofrece la señal abierta (“penétreme licenciado, sin armar zaperoco, mire que la señora nos puede oír”). Pero yo me instruyo y enajeno mi desdicha; y con la lectura empecinada me cubro de acción fecunda, para no pensar en las desafortunadas apuestas de amor y desamor que me arrojaron a esta isla de cochayuyos podridos.
Duermo en la pieza del desván, y taponeo mis oídos para no oír sus ronquidos y babeo nocturno.
¿Hijos?, ni cagando; preferiría cortarme el miembro antes de darle, más encima, el beneficio de la ley a su favor, de manera tal de atraparme por completo en la extorsión del amor paterno (“me tienes que dar más plata, mira que el niño necesita esto y mira que el niño necesita estotro, y mira que aquí y mira que allá”). Que se pudra sola, ya encontraré la felicidad en otras tierras distantes, por las cuales debí jugarme años atrás, aprendiendo a separar la paja del trigo, y la semilla del gorgojo.

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