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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

La Amalgama del Código Da Vinci (como punto de partida)

Acerca del libro:

El libro El Código Da Vinci es una mezcla de información cierta con otra dudosa y otra definitivamente falsa.

La destreza del autor estriba en la imaginación necesaria para tomar el ADN deteriorado por los milenios de la historia perdida de Jesucristo y sus discípulos y seguidores, y presentar una narración “helicoidal” ilusoria y seductora, dotada de los elementos más atrayentes como son, por ejemplo, el tema de la relación de amor erótico que pudiera haber tenido el denominado Hijo de Dios con una de las santas inaugurales del cristianismo.

Decir que el libro aludido es bueno porque instaura un debate y pone en el tapete asuntos trascendentales es como decir, yendo a un extremo que considero que no es proporcional al libro, que todas las canalladas de las que se pudiera ser objeto son buenas en la medida en que me hagan pensar en la misericordia de Dios o de otra cosa importante para cada cual.

Ni moralista ni beato ni fanático soy, pero no me parece justo con los esfuerzos de tantos que tratan de vérselas con la verdad a empujones por entre los vestigios perdidos de la historia y el tiempo que un autor, con el suficiente desparpajo, agarre lo que le venga en gana y arme su propio ácido desoxirribonucleico de los hechos y los misterios, con el inicio ambiguo de decir (y vaya que conozco lo engañosas de las palabras) que una organización existe porque, por decirlo de alguna manera, “tiene inscrita su personalidad jurídica” toda vez que sabemos que existen empresas de papel que no necesariamente ocupan más lugar en el universo que el acaparan los papeles legales que le dan existencia, añejándose en los anaqueles de estantes olvidados, sumados a la tinta de las publicaciones oficiales y demás. Yo mismo tengo una; una vez construí algunas cosas con ella, nada importante, pero ya no existe más, por mucho que esté inscrita en el conservador de Comercio respectivo.


Acerca de lo que me atrajo del libro:

Leí el libro en tres días y vi la Película dos veces. Me entretuve mucho; muchísimo, demasiado, imagínense; … series de Fibonacci, el número de oro, la divina proporción, el hombre de Vitruvio, Cristo, La Última Cena, La Gioconda, los caballeros templarios, relaciones geográficas añejas con aires de misticismo oculto a la vista de todos, iglesias derruidas, tumbas de grandes hombres en las cuales están las pistas del mayor secreto de la humanidad occidental, los reyes merovingios, Isaac Newton, Rafael, Leonardo, antiguos aparatos con mensajes esenciales para la historia del hombre, números cifrados, el Louvre, mansiones de rancios investigadores con estudios repletos de documentos enrollados, sextantes místicos, trazados sepia con reglas milenarias y tinta irregular, todo bajo la bóveda celeste bajo la cual la vida y el más allá se abren de par en par al entendimiento de cualquiera, detectives históricos, atractivas descendientes, Harvard, cópulas traumáticas en ritos trascendentales, internet, París, la Banca Suiza, los ordenadores, lo añejo y lo nuevo unidos por el hilo de Ariadna de los principios rectores ocultos; todo está oculto pero a la vista; “hay otros mundos pero están aquí”. En fin, nadie puede negar que la cosa tienta, y tienta de veras. Estuve semanas dándole vuelta al asunto, pero ya pasado el fragor, me taladra el olvido y vuelvo a la cordura.


Conclusión acerca del libro:

El libro es banal, suntuario, superfluo, decorativo, astuto y entretenido.


Acerca de lo que pienso, aparte del libro:

En lo personal
(en lo meramente personal)
si un día se supiera que el cuerpo de Jesús fue encontrado, y que no ascendió a los cielos en cuerpo y alma, y que pudo estar relacionado con María Magdalena por un amor que muchos de nosotros sentimos y desde el cual vemos al mundo como algo mejor de lo que es…
(hablo del amor erótico; del que se relaciona con Eros, soporte alegórico antiguo de una de las fuerza principales de la naturaleza; aquella que nos lleva al maravilloso, intenso, digno, sanador y merecido orgasmo, desde el cual sentimos la plenitud de ser humano, cuando a nuestro lado está la mujer amada con la cual inclusive podemos llorar de emoción a la vez de sentir ese aludido abrazo de la pequeña muerte que es el clímax…) ,
…en lo personal, decía, si se descubriera algo así como lo que digo, más cerca de él me sentiría, y más amigo lo encontraría, como más cerca de él me siento cuando me imagino que cuando lo estaban crucificando pudo haber estado muerto de pavor, como lo estaría yo, y así las cosas, (haciéndome el leso) como que los héroes de las contiendas de la historia se acercan a las personas cuando dejan las catedrales, los museos y las criptas vacías de interponerse entre ellos y nosotros.


Acerca de la Fe que se da aunque todo se desmorone

Cuando la fe es fuerte soporta los embates de la verdad. Mal que mal se despliega todo un mundo y un universo además, como para decir que si una persona no fue lo que pensábamos (y a lo mejor nunca fue, ni nunca existió) se desgranan las galaxias, y las estrellas se apagan, y todo pierde sentido, y la gravedad se termina y los átomos se desintegran, y el agua se hace piedra, y el último guijarro del último asteroide perdido en la última de las grietas solitarias, llora como un niño abandonado.
¿De qué hablamos cuando hablamos de Dios?; la mayoría de las veces hablamos de nosotros mismos, ante el espejo de la perfección; y nos suministramos alegorías, símbolos y fórmulas que hacen las veces de pórticos de entrada a plenitudes que nunca acontecen. La religión de los hombres es un juego de roles, en el mejor sentido de la Palabra, sin despectivas acepciones, y sin ironías de clase alguna; …”cada uno aferrado a sus dioses, producto de toda una historia, los modelan y los destruyen, y según eso ordenan sus vidas” dijo alguien por ahí con la potencia de una llamarada solar.
Jesús, y esto es claro, es una Palabra, y seguramente, siendo Palabra, tiene las señales que la hacen ser más verbo que ilativo o que puente. Anhelamos el paraíso, y todo aquello que es el antónimo de nuestra vida, o que en el más perverso de los casos, nos ayuda a llevar nuestra vida adelante con todos los beneficios que nuestros antepasados nos han legado. Pero lo cierto para mí, es que Dios es más que un templo, y que su hijo y que sus signos y que sus deberes. Dios es el sustento de la existencia; desde él las cosas son, y sin él no serían, al punto que de no tener tamaño, genera lo inmenso. Desventuras más, desventuras menos, nos gusten o no nos gusten, Dios es la Palabra de la grandeza del ser. Y el resto podría ser no más que el cuento de nuestros miedos hechos argamasa de oraciones y esperanzas. Nuestro idioma es otro; siempre hablamos otra cosa; nunca decimos lo que queremos decir, pues es desde el perímetro de la comprensión que la revelación se deshace con elegancia.


Todo desmoronado, no queda sino la certeza del ser Absoluto

(y ante este título que se explica tan bien, no adjuntaré párrafo alguno).


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