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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

A Nuestra Imagen y Semejanza

Si él se convenció en algún momento de todo lo que las escrituras posteriormente aseveraron, no una sino al menos cuatro veces, sumado a como lo anunciaron en la Torá, y cómo lo siguieron tras su muerte, tiene que haber sido su presencia consecuente, algo así como un color sutil que casi se torna intenso, pero no acontece más que en unos ademanes esporádicos, dentro de una suerte de simple, polvorienta y populosa acometida que casi no dejaba la impresión, que ahora suponemos era elocuente.
Muchos debieron reírse, acaso la mayoría, pues era una persona de origen humilde, y hoy por hoy habría sido tratado de vulgar por más de alguna pasajera persona arribista y firmemente asentada sobre sus propias prerrogativas.
Entonces era y estaba en un tránsito casi imperceptible e ineficaz, que no obstante parecer un fracaso de esos que hoy conocemos, estaba destinado a horadar los puntos exactos capaces de detonar el hilo de una fuerza extraña y desconocida para todos. Pudo quizás ser otro el llamado, en otro lugar y desde otra cuna, pero las Profecías, las palabras, las intrigas, las intensiones, la distancia enorme al centro del mundo imperial, la sensación de ser una especie de caos fanático el que enturbiaba la Pax Romana en esas tierras, la acaso distante proximidad de sus gestos, …qué se yo cuantos otros factores externos a su propia vida pero atingentes como el brindis a la hora de los discursos, fueron capaces de desencadenar todo aquello que ya conocemos como el torrente de fe y esperanza eterna de muchos y la desidia y Duda de unos pocos en torno al que se dijo hijo de aquel que todo originó por causas que se investigan.
No fue su presencia, estoy seguro, más que una suave pericia del verbo y el gesto disperso en el campo de la cosecha eficaz. Todos dudaban; él dudaba, en el fondo se dormían con la pregunta a flor de labios y soñaban malas señales explícitas o alegóricas. Y el amanecer era agridulce. Algunos dejaron familias para seguirlo, según se dice. Y entonces se levantaban para escuchar, con un apetito propio de las mañanas, su pleno convencimiento aparente sostenido por las más humanas desconfianzas internas ante un destino desplegado para todos menos para él y sus amigos más próximos, sin perjuicio de la señal persistente de una vida mejor, allende el ocaso de la vida terrenal. E iban al pozo y sacaban el agua para la comida de la mañana y para lavarse la cara. En el comienzo del día todo es informal, y se desgastan las ilusiones cuando no se está en el permanente esmero de un éxito terreno; todo era para después de la muerte de cada quien, y parece que no había opción pues, seducidos como seguidores por aquel que señales da que no podemos dejar de percibir, iban al pueblo siguiente, y esperaban que el día terminara su afán de subsistencia, para desplegar en las palabras de iletrados escogidos un mensaje que decía ser nuevo, y que provenía de una persona de un pueblo señalado ( “ A ti, oh Belén Efrata…”). Y los días pasaban, y de vuelta de los afanes evangelizadores de los doce apóstoles y del mismo llamado Elegido, se hacían serenas pero realistas conclusiones.
Hasta que el par de años transcurridos dieron los frutos de la guerra y la paz. La historia es muy sabida por todos; terminó clavado a una tosca cruz de madera en un lugar de las afueras de Jerusalén, condenado astutamente por mentiroso, por sedicioso y por hereje. Castigado y muerto, tras ser bajado comienza el problema que se presenta afortunadamente insoluto por los hombres, pues las escaramuzas virtuales de quienes dispusieron de sus restos y de quienes temían de esas acciones, dejaron la estratégica pertinencia de los sucesos en una suerte de envío de un frágil pero pertinaz esquife a la deriva de los milenios en curso, por los siglos de los siglos que pasaron. Y nada se detuvo, y al parecer los desvelos; los amaneceres agrios, sin sabor a victoria, durmiendo sobre el suelo duro, y escuchando un discurso que a veces parecía ser insostenible, y todo lo demás propio de vivir la vida como todos la viven, dio la fuerza para que los poderosos y los débiles se asieran de la misma barra de metal desgastada y pulida.
Todos conocen el desarrollo de los hechos también; varios poderes se erigieron en la forma de templos contradictoriamente fastuosos para la acción tan humilde que recuerdan. Y ahora le llaman Rey de Reyes, su madre es la continuación del arquetipo eterno de la Mater generadora de vida celestial que milenios antes ya se esbozaba. Los canallas han podido desencadenar, colgados de su prestigio, las más torcidas acciones encubiertas, de manera tal que siglos después, los embajadores vigentes del culto más institucional, han debido pedir tibias disculpas al respecto. ¡Si inclusive hay quienes le han hecho viajar por la América Precolombina! (en una de esas capaz que digan que se le apareció a Neil Armstrong).
Gatopardezcamente el mundo fue lo mismo antes y después de Jesús de Nazareth, carpintero de un pueblo cualquiera, hijo natural de un padre benefactor, dejado llevar por el hilo translúcido de un convencimiento que lo superaba con creces, de manera que casi estallaba por dentro cuando les hablaba del futuro metafísico y atemporal que se les venía encima a todos, a destiempo de urgencias políticas y devastadoras peripecias de la existencia desventurada de pueblos conquistados por la fuerza del pilum, el despliegue de los pendones y el avance de los coturnos entierrados. Todo sigue ahí en las almas de los que persisten en el mundo. No me digan que el alma de las personas ha mejorado, así como genéticamente, por la prédica y las desventuras potentes e inaugurales del Nazareno, pues todos estamos donde mismo, pero, eso sí, y aunque nos cueste creerlo, a parte de las propias tribulaciones, y los propios ajustes de cuentas con la vida, seguimos erguidos con una suerte de esperanza mística que nos sostiene, plagada de imágenes mitológicas que nunca fueron, pero que queremos que hubieran ocurrido, para desde nuestro avance pericial, destinarle rumbos a los portentos, que supuestamente acaecieron en esa triste y agitada Palestina de hace mil novecientos setenta y tres años atrás.
Ha caminado por las aguas, fue capaz de hacer ver a los ciegos de ceguera comprobada, detuvo tempestades y desplegó portentos que pudieron nunca haber ocurrido, para que todos las tomen al paso de sus propias experiencias y alcances intelectuales. El místico austero dirá que, en un extremo, el indeleble e imperceptible fluido de luz tendido, persistió con el poder de los mundos desencadenados como soles nacientes. El humilde excavador de cimientos de casas para pobres, simplemente se arrodillará ante la imagen del Nazareno crucificado y abrirá su corazón para deslumbrar al mismísimo Mesías, sentado a la diestra de quien detonara toda esta sinfonía de mundos arrebolados en la negrura inquietante e inconmovible.
Pero insisto, siendo yo uno más en este desfile de sucesos, no puedo dejar de pensar que todo partió a trasmano y de modo imperfecto, cargado de Dudas y frustraciones, pendiendo de un hilo curvado por la catenaria de los graves sucesos que se aproximaban.
Ahora todo es perfecto, pues los resultados están a la vista de la historia consecuente; todo es refulgente y calza como un reloj de cuerda.
¡Cómo detesto a esta suerte de moral de hechos consumados!, que idealiza la vía de las evidencias acaecidas, desde la cual todo se erige desde las coincidencias. A contramano de como en realidad debieron suceder las cosas en el desierto de los judíos, …

…a nuestra imagen y semejanza
con la entrega ciega y apasionada
de quien funda lo inconmensurable
a riesgo
y a pasión absoluta,

con un pie en el borde
y con el otro en el abismo.


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