Estética Profusa del Margen y el Desenfado; el Pastiche como Esencia Nacional
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 05-04-2006 09:19:28 | Categoria: Opinión
Escandalosamente, nuestra función de identidad es contradictoria, pero eficaz.
(Las Últimas Noticias, Miércoles 22 de Marzo de 2006)Ha fallecido Fabiola del Luján, un travestido que actuaba en el famoso circo chileno Timoteo.
Sin Dudas que el mayor acierto de la noticia es la excelente fotografía que el diario presenta para ilustrar la noticia. Se llevó a cabo en el estero Marga Marga de Viña del Mar, un lecho ancho y terroso que se justifica en las descomunales crecidas que periódicamente ofrece a la ciudad el curso de agua nombrado. Ofició la misa o el responso un sacerdote español que fue payaso, o más bien que es payaso y oficia de cura. Desde el interior de la carpa sale el féretro hacia el cementerio de Casablanca, de donde es originario(a) el difunto(a).
El Circo que se alude es una suerte de cabaret de espectáculos bizarros desde donde se recoge la tradición circense y el espectáculo revisteril; ambas cosas arman una suerte de ensamblaje afortunado, que hace del circo en cuestión un fenómeno único, que yo sepa, en Chile (y acaso en el mundo también).
Nuestro país, desde esta suerte de extremos próximos que nos contienen y que percibimos desde sus orillas, se ha especializado en proponer toda una gama de armazones únicas y originales, propias de una tierra donde nada es realmente autóctono, salvo la mezcolanza de todo lo que nos rodea. Nuestros grupos de reinvención del folklore han propuesto en su desarrollo, desde el exilio a veces, toda una gama de propuestas musicales, donde convergen los estilos y tradiciones no solo de América (ya múltiple y diversa desde todas sus influencias), sino inclusive de Europa y sus alrededores.
Calzamos zapatos ajenos con la propiedad de quien no sabe de sus orígenes salvo por la documentación que no se enraíza en el alma, pero sí en el intelecto.
El mismo caso de quien aquí escribe, que se siente formado por una suerte de mosaico de personas y obras de diversa nacionalidad y origen, pues, ¿a santo de qué tendría que anteponerme los lentes del nacionalismo para tomar las propias influencias, cuando es más probable que a lo largo y ancho del mundo estén los verdaderos portentos capaces de remecer las propias neuronas y el alma?. Me sentiría algo ridículo pensando que solo mis compatriotas pueden y merecen ser motivo de atención, mientras dejamos pasar lo mejor de todo el mundo por las bambalinas. Lo anterior en el subentendido que nadie, en ninguna parte, es superior al otro por origen, y así es que se puede atender a que, a lo largo y ancho de todo el mundo el verdadero talento, campea con una probabilidad de surgimiento homogéneo.
Fiel a mi país escucho lo mejor de todos, para no enrollarme en la burbuja de la proximidad privilegiada, a sabiendas que el rol de ensamblaje es particularmente fructífero por estas latitudes. Y así toda armazón será promisoria a la luz del auténtico y original desarraigo, que lucha por aferrarse a ciertas cadencias y señales permanentes y propias.
Veo por ahí a los enamorados “de lo nuestro” con una apostura algo agresiva y avasalladora ante quienes no se sienten obligados axiomáticamente a asumir gestualidades que mal le quedan a una nación algo desenvuelta hacia los bordes, y que desde esa tendencia o función mira hacia el interior.
La ley contemplativa de Chile pareciera ser paradojalmente, una suerte de espejo ante el propio Paisaje físico y humano. Estamos siempre enfrentados a nuestro entorno, desde afuera, analizando para ver desde las reformulaciones con signos y señales foráneas, y esa es nuestra fortaleza, como una suerte de instinto social claro, hacia la escapada desde el encierro isleño que nos da nuestro territorio confinado.
Nada de extraño y misterioso lo afirmado, a la luz de la reacción natural del hombre de equilibrar la condición para resurgir desde la “original originalidad”, sin fórceps, sin abrigos ni estrategias. Naturalmente en resumen, a la suerte de la olla, y a lo que venga y resulte.
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