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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

El Poder de la Palabra de Descartes

…”El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, puesto que cada uno piensa estar tan bien provisto de él que, incluso aquellos que son más difíciles de contentar en otra cosa cualquiera, no acostumbran a desear más del que tienen. En lo cual no es verosímil que todos ellos se equivoquen; antes bien, eso testifica que la potencia de bien juzgar y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es lo que propiamente se llama buen sentido o razón, es, por naturaleza, igual en todos los hombres; y, por tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no procede del hecho de que unos sean más razonables que otros, sino tan solo del hecho de que conducimos nuestros pensamientos por vías diversas y no consideramos las mismas cosas.” [inicio del Discurso del Método; publicado en 1637]

Es tan fácil caer en la descripción ante una obra plagada de proyecciones como la de Descartes, que siento una suerte de limitación y pudor natural. Es como si anduviera paseando por el Tibet, y en un templo me pusiera a enseñar el sentido de los mandalas, así como para impresionar. Más difícil es establecer una mirada agresiva en relación al tema desde la poesía, así como a la fuerza, para violentar el candado de las sutiles obviedades. De este modo intentaré sorprender el entendimiento.

Veamos; …

Descartes,
constructor del perfil evidente
al trasluz de un sentido lineal
tras el cual se enlazan las sombras
de la naturaleza
del hombre
y de las cosas

Todo encadenamiento de consecuencias
surge desde el fluido
como si fuera la pluma,
que traza una línea
desde su lienza,
la encargada de indicar
las torsiones escondidas
de la revelación objetiva

no sé; …

El poder de la Palabra cartesiana es inmenso; dice lo que parece ser desde el buen sentido, y a esta buena cosa la describe sin más rincón que un avanzar directamente hacia lo que se espera y se comprende. Con una ligereza prodigiosa emprende los cimientos del pensamiento (digamos ¿moderno?), la misma ligereza en virtud de la cual comprende numéricamente su plano de coordenadas desde la cual se explayan los más diversos desarrollos factibles de ser analizados y resueltos; matriz de todo, sin más establecimiento que una grilla donde cada intersección es conjunción del par ordenado inspirador.

Todo así; sin Duda que ha sido maestro, desde el cual tomé la ligereza iluminadora (al menos para mi propio entendimiento) desde la cual me permití afirmar que Dios es uno porque lo cuento, y así como lo cuento lo digo, y desde su unidad es que, en sí, contiene el poder de estar en todo, pero nada en sí salvo su propio ser inconmensurable y puntual se mantiene inmutable. El silencio de Dios desde su presencia estriba en este ser absolutamente concluso y mínimamente generador de las inmensidades. Dios no tiene dimensión, pues todo dimensionamiento es creativo y generador de complejidad. Dios es simple, sin complejidades; es concluso y eternamente potente en su simpleza. Y todo así surge. Claro y definitivo, casi como un juego de palabras risible; “lo que es, es, y lo que no es, no es, y lo que es termina de ser cuando se destruye, o se transforma desde sus propias potencias” o afirmaciones de ese tipo.

Cuento a Dios, Luego es Uno

(así como “pienso luego existo”)

Me he sentido en todos estos años casi parafraseándolo.

Descartes con una simpleza abismante, pero realmente abismante, posee la sencilla y dispuesta potencia de engendrar el barroco sistema de afirmaciones objetivas y fenomenológicas, capaces de generar en el hombre la poética mirada del entendimiento concordado a partir de las leyes provisorias de la ciencia.

Cuando me paro en el patio de mi casa en las noches despejadas y veo las estrellas pienso a la vez que son lejanos soles acaso que tuvieron un comienzo y tendrán un final, y que ellos como mi cuerpo son la masa que lucha por atrapar al retorno de la materia a su centro.

Recuerdo a un amigo, Luis Bernal F, Arquitecto actualmente, con el que estudiaba; capaz de demostrar simplemente ecuaciones matemáticas, con una soltura generada desde una mente sin torsiones ni misterios desentrañables. Simplemente se paraba delante de la abstracción y la entendía como lo que era; una de tantas torsiones inmateriales que se podían desdoblar para representarlas en otras torsiones equivalentes; reflexivo era mi amigo, ya que era capaz de construir reflejos (reflexión , reflejo; palabras emparentadas) entre una torsión y otra. Y el fin de todo el pensamiento es ese; no más que representar la simpleza tirada al mundo en patrones de complejidades artificiales, como artificioso es el hombre ante un mundo y un universo desplegado con el amor de un Dios simple y eterno. Y si me aferro a la Palabra de Roberto Matta, que decía que cuando algo amaba, algo sabía, siendo ese algo sabido lo mismo que el algo amado, así de elementales se presentan las cosas. Dan ganas de ir a dar una vuelta al patio y volver a describir los misterios sin revelar del mundo, sueltamente, como mi amigo demostraba las ecuaciones más abstractas, sin el temor de lo desconocido. Cosa que el conquistador hace ante la mujer que acomete; va y hace como si estuviera continuando la conversación que antes estuvieron llevando a cabo, como si se conocieran desde siempre.

Revelación cartesiana; suerte de doblez ratificado en la genialidad de la mente augurada como augurado es el número subyacente.

Eternamente entregado yo a estas carambolas de extraños desdoblamientos de la realidad que me aqueja, sabiendo de avances de lecturas espaciales a través de los años luz, y desconociendo los esfuerzos consecuentes, como el técnico, que asesina el hallazgo, con ese desparpajo de aplicar la ley reveladora como si hubiera nacido el universo gritando ese secreto, que en verdad tardó siglos en aparecer, pues él no se impresiona con las reglas de ordenamiento del mundo, sino que se las echa encima para sentirse poderoso como el vagabundo, que se encuentra tirado un bazooka y lo detona delante del portón de un mercado de abastos, para ir a tomar simplemente los vituallas que requiere.

Simpleza poderosa, complejidad impotente en sus aparentes misterios.

La vida no es más que una suerte de balancín entre la visión y la videncia. Asombro y relajo; ley y aplicación de la misma. Dos hombres en cada persona, y dos humanidades desde la misma evolución de la vida.

Una fracción forja las llaves y la otra las usa, desoyendo la segunda a la primera pues la veneración del iluminador cohíbe al iluminado, que necesita ni siquiera sentir un ápice de gratitud por su fuente desvanecida.

Pareciera ser que este es el auténtico Contrato Social de la civilización, para atar los castillos de entendimiento en poderosas naves del viaje por el espacio tiempo del rumbo no declarado pero sí asumido. A no ser que antes caiga un cometa algo más grande que la ciudad de Rengo, y nos vuelva un recuerdo instantáneo, desde la cual acaso surgieron esas ondas de radio que van hacia otros recipientes de índole desconocida.


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