Versificación parcial del El Aleph de Borges
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 31-03-2006 09:56:32 | Categoria: Lectura de Autores
Borges describe poéticamente su visión del Punto Infinito situado en la bajada a una bodega de Carlos Argentino Daneri.el presente escrito no pretende ser sino un énfasis en la perfección de su cadencia al escribir.
Vi el populoso mar,
vi el alba y la tarde,
vi las muchedumbres de América,
vi una plateada telaraña
en el centro de una negra pirámide,
vi un laberinto roto (era Londres),
vi interminables ojos inmediatos
escrutándose en mí como en un espejo,
vi todos los espejos del planeta
y ninguno me reflejó,
vi en un traspatio de la calle Soler
las mismas baldosas que hace treinta años
vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos,
vi racimos,
nieve,
tabaco,
vetas de metal,
vapor de agua,
vi convexos desiertos ecuatoriales
y cada uno de sus granos de arena,
vi en Inverness a una mujer que no olvidaré,
vi la violenta cabellera,
el altivo cuerpo,
vi un cáncer de pecho,
vi un círculo de tierra seca en una vereda,
donde antes hubo un árbol,
vi una quinta de Adrogué,
un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio,
la de Philemont Holland,
vi a un tiempo cada letra de cada página
(de chico yo solía maravillarme
de que las letras de un volumen cerrado
no se mezclaran y perdieran
en el decurso de la noche),
vi la noche y el día contemporáneo,
vi un poniente en Querétaro
que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala,
vi mi dormitorio sin nadie,
vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo
entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin,
vi caballos de crin arremolinada,
en una playa del Mar Caspio
en el alba,
vi la delicada osadura de una mano,
vi a los sobrevivientes de una Batalla,
enviando tarjetas postales,
vi en un escaparate de Mirzapur
una baraja española,
vi las sombras oblicuas
de unos helechos
en el suelo de un invernáculo,
vi tigres,
émbolos,
bisontes,
marejadas y ejércitos,
vi todas las hormigas que hay en la tierra,
vi un astrolabio persa,
vi en un cajón del escritorio
(y la letra me hizo temblar)
cartas obscenas,
increíbles, precisas,
que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino,
vi un adorado monumento en la Chacarita,
vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente
había sido Beatriz Viterbo,
vi la circulación de mi propia sangre,
vi el engranaje del amor
y la modificación de la muerte,
vi el Aleph,
desde todos los puntos,
vi en el Aleph la tierra,
vi mi cara y mis vísceras,
vi tu cara,
y sentí vértigo y lloré,
porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural,
cuyo nombre usurpan los hombres,
pero que ningún hombre ha mirado:
el inconcebible universo.
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