Johanes Kepler
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 20-03-2006 15:20:30 | Categoria: Personalidades
Pocos como él han experimentado el sordo y aislado regocijo de ver reflejado en las distancias inconmensurables de su época, el rasgo personal de la forma exacta, eludiendo los anhelos y dejando a la realidad ser desde su inminencia.Quería otras cosas, pero los hechos se le vinieron encima como un Derrumbe de claridad repentino, y las elipsoides cruzaron por su severa mirada de abstracciones centenarias.
Cuando duermen las cónicas por siglos, en momentos de iluminación estas caen como respuestas de sablazos oblicuos a las formas extrañas del giro permanente de los mundos, para que los vórtices del engaño dejen de cubrir las simples pero tardías respuestas marcianas, cuando todo era religión y esperanza en las figuras regulares y reguladoras.
La música de las esferas era cual reloj celestial el patrón de esperanza de perfección. No obstante la naturaleza deparaba las carretilladas de estiércol que ensuciaran la verificación de los datos rectores. Y así su vida, la vida y las cosas. Hasta que Newton llegara a complementar sus visionarios alcances, instaurando la imantada realidad intrínseca a los tamaños celestiales, pues las secciones de los conos dan la forma pero no el fondo, así como el revólver se dispara ignorante de las pasiones desatadas y estalla sin culpa ni deseos, pero revienta y traspasa en su ceguera no obstante.
Y siempre el detalle es la causa y el final, como con los Curie, cuando unos granos luminosos y radiactivos se ocultaron en las toneladas de material filtrado, y el subjetivo desvelo esperaba la evidencia evidente de los datos desde remanentes de operaciones finas tras el grueso trabajo terrenal.
Extraño tren del conocimiento en pos de una construcción virtual de milenios, desde Aristarco a Hawking, como cuando Tycho Brahe descubría los frisos estelares y los rulos interplanetarios, y celosamente los guardaba desde su cortesana existencia mutilada, para que Johanes Kepler en su desesperación terminara reuniendo los vestigios arrojados entre banquete y banquete, con la dignidad de un triste profesor despreciado, a la saga en el carromato familiar de la sencillez y la austeridad.
Sobrio y solitario hombre por cuyas manos se deslizan las fragatas espaciales, que van y retornan a la Tierra con las muestras y las ondas de imágenes reveladoras, ellas que aceleran desde la geometría elipsoidal al igualar superficies cubiertas, no obstante las aceleraciones dispares.
Caminan etéreamente las botellas lanzadas al mar interminable, para que cuando zarpemos seamos unos con los que dejaron sus ojos en la edificación de las esperanzas cumplidas, ya que el viento derrumba las tiendas endebles , pero no puede con la casa basada en su entierro y tonelaje.
Dejemos la fe, la esperanza y la caridad para otros sueños, pero no para la regla divina de las revelaciones objetivas, que de mucho palpitar se desluce lo palpitado, sin alucinaciones ni ensoñaciones forzadas a la coincidencia. Enajenar el anhelo, posarlo en el suelo y elevar así, a los altares repentinos a la paridad del milagro y a la cifra silenciosa.
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