El Milagro
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 20-03-2006 15:22:37 | Categoria: Religión
[Redactado de un modo arcaico]
Nadie, me imagino, desconoce que las cosas son más lo ocultas y misteriosas que lo que podemos saber de ellas hasta aquí, sumado a nuestra capacidad de iluminación , que cual orgasmo acontece para luego decaer en el sentimiento de conocimiento de la vivencia sensual o intelectual. Y luego todo llega y se va pues en todo vamos y venimos con la pasión que ocurre y se nubla.No obstante tener en mi camino un convencimiento relacionado con que es más lo lógico, lo predecible y lo esperable lo que justifica las cosas que acontecen y de tal manera que son los fenómenos los que nos permiten ir avanzando en la construcción de nuestro conocimiento universal (que es ese el que buscamos en realidad), y a su sombra y no a su lado es que otros ámbitos del hombre en verdad acontecen, aunque les duela a las instituciones respectivas o los seguidores de las siluetas insinuadas que permiten ver lo que se quiera…
…No obstante, decía, hay algo sin Duda, pero solo es algo, no mucho ni demasiado; ni tanto, ni en abundancia, ni a caudales ni a demasía que es casi irreal y asombroso; y existe, a incremento, en mí, un convencimiento que dentro de las cosas es una brizna de ser lo que sostiene al artesonado de las certezas que se construyen, siguiendo la concatenación que aprendimos de nuestros instintos, que nos llevan a actuar preferentemente en consecuencia de lo que queremos. Pues es de los impulsos vitales que conseguimos la clave de que, por ejemplo, para matar hay que hacerlo bien y con sentido, como el león, que desgarra la carne de las gacelas porque tiene hambre y sabe que la sabana es para él su escenario donde realiza el drama de su subsistencia plena, en la medida en que mata para vivir y si no mata se muere, a parte de toda crueldad residual que no es sino un dejo de impulso imperfecto que subyace en las cosas y los seres vivos tan complejos por defecto de sus impulsos concordantes, como en una pila de energía, en la que queda vestigio de potencia inútil que no mueve ni al reloj ni al juguete ni para nada más sirve…
...No obstante, decía, hay algo que ya dijimos, que era leve, que es el sustrato de la existencia; que no se puede nombrar pero que existe y que impera desde el silencio y que asombra, y que no es más que la esencia de todo, que en todo está y que en todo se presenta, y que en acto se sucede tras la potencia desplomada. Ese algo es lo que es y es lo que siempre ha sido, que no es sino El Ser que ni siquiera se tuerce en su abstracción, pues de tan puro no conoce función, ni matemática ni de otro tipo para existir, que Es, reitero, y que Persiste y que es eterno y que no sabe del nombre ni del tiempo, pues no es sabiendo que se presenta, sino que solo siendo, cual punto abstracto, pero menos que eso, y menos que lo menos que se pueda imaginar.
Solo puedo decir que es, y si no fuera nada sería pues todo de él se origina. Así que para mí no hay otra conclusión más que olvidar la grandeza vestida de tamaño, pues todo el tamaño de todas las cosas, multiplicado por sí mismo no da la talla (y esto como efecto especial más que como argumento) para alcanzar la potencia de lo que aludo, que no tiene porte ni dimensión, y en verdad no tiene nada, salvo su evidente presencia en todo reflejado, pues todo de ello se ha originado.
Y así es que el milagro, que es uno y solo uno y que no es aquello imperturbable, pues se lo puede describir (y en este escrito lo practico), y que no se deriva del sentimiento sino que de la presencia, es Aquella Posibilidad de que la aludida anti-torsión indeleble e inquebrantable y única, sea capaz de adquirir la potencia de todo aquello que es hijo de la simpleza, pero que en defecto es complejo, para que la imagen y semejanza al origen sea paradojal, y funde así el puente entre lo inconmovible y lo temporal. Ese es El milagro. Esa es la paradoja que destroza toda razón. Esa es la Belleza que aconteció por todas la eras, y que ha pasmado a cuanta conciencia haya sido capaz de contemplarla; miren que todo vendaval de colores y surgimientos repentinos y capitales, entre las nubes inmensas acontecido es punto menos que artificio, y es la presa de este matrimonio fecundo, entre aquello eterno (y ni siquiera eterno pues la eternidad implica temporalidad suspendida y no su plena potencia resumida) y todo lo que resta, que es su consecuencia. Así que pienso que con cuidado hay que ir sorprendiéndose de todo como por principio, y ante todo postrarse reconociendo en todo a aquello y desvelando en cada brillo de rocío a la revelación, …que podemos estar engañándonos, y asumiendo que somos más capaces de lo que en verdad podemos ser.
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