El Pianista
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 15-03-2006 14:52:48 | Categoria: Cine
Roman Polanski; Director [2002]
Varsovia, …en el año 1939 llegaron los nazis, y no la abandonaron hasta fines de 1944. Es en ella, fuera y dentro del Ghetto que Szpilman, un famoso pianista (por lo menos dentro del Filme) lleva a cabo con éxito su subsistencia, suspendida en la soledad más absoluta, desde el momento en que huye del destino que le esperaba junto a los suyos en Treblinka. Ayudado por algunos sobrevive, encerrado aquí y allá; casi muere de inanición. A su alrededor, la devastación de parte de la nación más estratégicamente ubicada de Europa, por siglos ocupada una y otra vez por diferentes intereses, reinos y naciones.
El Filme cuenta sus desventuras durante la segunda guerra mundial, y su encanto radica en la suerte de travesía que el protagonista realiza por escenas-Síntesis de lo ocurrido, así como una suerte de resucitado ser caminando, como diría Herman Melville, por las ruinas de Cartago.
En un solo momento ejecuta una pieza maestra, frente a un oficial nazi que lo acoge en una casa en pie. Y no es un momento emocionante. Es la claridad de la luz del talento floreciendo entre las grietas del pavimento ensangrentado, solo eso, y eso basta. Y volvemos a la realidad, entre el silencio, las bombas sordas a lo lejos, por momentos debe huir para salvar la vida.
Narrativamente íntima, pero con el abrazo de las ruinas de todas una ciudad. Por momentos cruda en señalar atisbos apenas del desprecio nazi por la vida.
(A veces, si me permiten una pausa, me siento interpretando las notas de una suerte de sonata extraña y ajena, por momentos amenazada por la Duda y la vacilación, pues desde el teclado establezco metáforas de notas sobre la partitura textual de composiciones a veces alegres y otras ni siquiera tristes.
Cartesianamente doy el tono de una búsqueda de revelaciones que no llegan, como sí lo hacen la Belleza desde la percusión prístina de un martillo de fieltro golpeando los cordones metálicos del piano, pues el lenguaje tiene el límite de nadar entres sus propias palabras amarradas por la eterna referencia a lo otro que se escabulle en la cadena sin fin del significado, el sonido y el gesto, como la arena que fluye para dar el tamaño de la duna, que no es más que el acopio de un talud atrapado desde el grano.
Pianista de mis propias soledades, ni siquiera doy la talla para ver la Desolación a mi alrededor, en una vida abundante de satisfacciones pequeñas, pero suficientes, como para vaciar el espíritu sobre una habitación repleta del eco del silencio transgredido). La música, es el suave telón donde hasta la peor de las desolaciones brilla con la plenitud del manto de destrucción. La matanza y la resurrección se abrazan desde la dulzura del aire enrarecido con la armonía de unas notas advertidas.
Sobrevive él. Vivos nosotros, sin admiración ni alegría vemos pasar los tiempos de la guerra y la paz como dejamos pasar la vida cuando pulimos las aristas de la pasión y la entrega.
Como se repite dos veces la marcha de Szpilman por distintas calles derruidas de la misma Varsovia, entiendo que la marcha del Filme es desde esta profundidad engrandecida en desastre con la silueta del pianista sollozando o desgastando sus huesos enfermos por el polvo de la derrota de todos.
A Dios gracias no es un Filme musical según lo imaginamos, para ver al hombre asustado tras las manos maestras, y recibir a cambio una interpretación agarrotada por la distensión, casi al final del Filme y de la guerra, para que coincida el anuncio de la luz, con la esperanza sorda de los dedos tiesos y desgastados.
Polanski rinde su testimonio, y lo hace con fineza, al punto de atrapar en su narración al espectador, como si estuviéramos oyendo un cuento inesperado y digno.
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