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Poesía de las Ideas / Son Propiedad Intelectual Previamente Inscrita / Blog de Sergio Meza C. ____________________________________________________________________________ Literatura, Filosofía, Arquitectura, Urbanismo, Cine, Música

Paternidad

El sentido de la paternidad es el de arrojo hacia el otro, pero en una contemplación relativamente distante y duradera. Se da la vida y se la cuida pero como lo hace un águila, sobrevolando existencias puntuales y queridas.
Paternidad es la razón de ser masculina ante otro ser similar y portador de la semilla que nos fuera entregada en custodia. Paternidad implica custodia de la propia semilla.
Natura le confiere amor como armazón estructurante a los padres; los hijos son amados y en ellos se contempla el padre, aunque la semilla sea la ajena, y a sabiendas, el propio hijo es propio aunque ajeno fuera, siempre y cuando este retoño se abra al propio abrazo de los propios patrones heredables de la conducta, el sentido (como siempre) de las cosas en el mundo y la aspiración fundada que se encarna.
El padre es un guardián y como tal debe ser valiente y arrojado a los brazos amenazantes del propio riesgo que los hijos presientan o intenten alcanzar a desconocimiento.
Pero más que nada el padre es el patrón del amor que actúa sobre el vaciado que la matriz a arrojado al mundo. Y así los hijos provienen de la madre y en el padre se completan como si madre fuera su origen creativo y padre fuera el destino contemplativo que las criaturas requieren. Tal como una piedra sale de la mano y cae al estanque donde primero se refleja en el aire y más tarde se regenera en ondas expansivas, fruto de un mismo líquido generador, como única es la semilla o influjo persistente, que salta de generación en generación.
El padre es parte incompleta de la creación y seguramente será en términos banalmente pragmáticos, completamente descartable, cuando las mujeres puedan auto-inseminarse, pero esto es como el lemming nadando a su muerte hacia las quebradas desde el mar que dejan, para morir en otra parte cualquiera, donde solo sabrán de negaciones de las propias tendencias naturales de profunda generatriz.
No muere auto-destructivamente un lemming en tierra firme, como un hijo no es completo sin su patrón, ya que a contraejemplo el lemming que busca morir se entrega a los brazos del mar de los fiordos donde se consume y muere, y a contrapunto, el hijo que busca vivir se intenta mirar en su origen para conocer su destino incierto pero creativo; ¿y qué mas contrario que el animal que nada a su muerte conocida contrastado al ser que camina su desconocida existencia creadora? . Y así todo ser buscará su patrón, como a contraejemplo el lemming buscará su muerte en el reflejo de aguas ajenas, donde nadará a la búsqueda de su inexistencia, la que por cansancio acontece, cuando a contrario motivo el hijo camina hacia la tierra firme que le da razón a sus dos piernas, donde sus pies encajan sobre el territorio y su nariz puede aspirar el aire que le justifica su pulso y apetito de conocimiento. Los hijos no son animales que se hunden en su abandono, toda vez que se buscan en la existencia que puede ser el universo todo, reconocido en sí mismo o en su metáfora que es el padre; realizado como reflejo de lo que propiamente se condensa como exterior circundante, donde nunca fundirse, pero siempre encontrarse.
Paternidad implica reconocimiento de una criatura amada, la que al unísono se reencuentra a sí misma en otro anterior, leído en pliegues y señales de añeja o poco tersa complejidad.
Y así la entera existencia tiene un patrón elocuente, que pulsa o se calla, pero que absolutamente existe como soporte de la unidad de la materia que a fin de cuentas sabe amar y por lo mismo, ha aprendido a ser fiel a su origen, que es la tendencia de las cosas a cantar su propia coherencia constitutiva. Entonces amar implica contemplarse en los otros, como si fuéramos nosotros mismos, de manera tal de ser patrones de lo ajeno como los demás debieran ser patrones nuestros, y el ciclo se cierra argumentativamente como un círculo de referencias, donde lo originado se presta a lo original para ser en consecuencias lo uno en lo otro y lo otro en lo uno.
Tal diversidad es el centro de las cosas como ley de adhesión de un átomo con otro, como si de un órgano reproductivo en aquel que lo complementa habláramos.


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