Maternidad
Sergio Meza C., Villa del Cobil, Rengo, Cachapoal, Chile, Sudamérica - 28-11-2005 12:46:30 | Categoria: Poesía
Inseminada la matriz esta germina desde sí y para otro, que nunca dejará de ser parte esencial del ser de quien fuera la tierra desde la cual brotara.La madre, más que entender, sabe, que su criatura existe por ella, y ese conocimiento es pleno cuando el conocimiento es verbo de cautela y hospitalaria entrega absoluta.
Siempre la madre es plena y en esa plenitud se abandona, a contrapelo de muchas facetas que son su otra parte complementaria pero no esencial; la maternidad es esencialmente dotadora de identidad de la existencia de quien ostenta esa condición, ya que solo hay conocimiento de este estado por medio de los sentimientos, emociones y sensaciones que revelan un cambio y transformación que otorga sentido poético al ser por cuanto todo lo que se es, es para ser madre, en determinados momentos en Absoluto, y en el resto, solo prioritariamente, de manera tal que pareciera que es un camino de absolutos el que la madre camina por el mundo, al ser en otro en continuidad amorosa.
Una madre es serena o fiera, pero siempre como madre, a no ser que se enajene de tal modo que deje de ser matriz antes que nada para, por ejemplo huir con su macho vigente en pos de sensaciones de apareo más que de pastoreo amatorio.
La madre que enajena su prioridad de matriz sufre o deja de reconocerse en sí misma en forma inmediata, lo que implica inclusive un Derrumbe de su autoestima y coherencia de sus actos en el mundo que le toca intervenir.
El arte de la madre es el arte de la persistente presencia en los hijos, de manera tal de ser rumbo y camino original de las existencias que ha arrojado al universo; el arte de la madre es manifiestamente unívoco para sus hijos, los que, como en la paternidad, pueden ser ajenos pero adoptados.
Una madre adopta un hijo, estableciendo una maternidad históricamente virtual, que es asumida como una modelación de un engendramiento que nunca aconteciera pero que efectivamente podría haber ocurrido en su situación de modeladora de sentido de vidas iniciales; la madre da, entrega, vacía, conforma y sintetiza la sensación de origen a los hijos, de manera tal de que ellos sepan de su historia evidente o potencialmente factible, la que leen en sus caricias y contactos.
La madre adoptiva es madre instintiva y poderosa, pues termina la obra de otras madres que de alguna manera fracasaron en su intento de persistir en sus hijos a perpetuidad como puerto de origen y sentido (insistimos).
Maternidad hay inclusive en el rol femenino cuando abraza al mundo desde sus creaciones inclusive inertes pero artísticamente plenas o por lo menos con sentido de plenitud (así como no necesariamente es “Poesía” un poema, una madre tampoco es “La Plenitud” maternal en cada caso).
Y todo así, maternidad es fondo y persistencia de los hijos en un mundo cambiante y agresivo, como si esta serenidad esperada de las madres, fuera el cable de coherencia de los hijos sobre los roles que cada uno tuviera que desarrollar complementariamente al principal que es ser padre y madre efectiva, simbólica, potencial o metafóricamente, para que acaso el peor de los criminales supiera de los límites que el arrojo implica, para preservar, en el último momento, a esa bala que desequilibraría el sutil balanceo de la especie hacia el desfiladero, o hacia tierra firme, caso a caso, y cosa a cosa; una por una en la trama de interacciones desde y hacia el mundo que nos contiene, sean cuales fueren sus límites de identidad o concepción.
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